Recientemente la infiltración de un grupo de activistas pro sendero
luminoso en la marcha de la CGTP por el día del trabajo ha causado no solo gran
controversia política sino también indignación e inclusive repulsión entre
todos aquellos ciudadanos comprometidos con la democracia para quienes el
recuerdo de la barbarie senderista todavía esta fresco en la memoria.
Los ciudadanos tienen todo el derecho de estar indignados por esta
intromisión oportunista en la marcha de la CGTP y particularmente por la osadía
de estos proto-terroristas al enarbolar pancartas y lanzar vivas calificando al
Sr. Abimael Guzmán de preso político y por tanto solicitando su liberación.
La entendible y autentica indignación ciudadana sin embargo ha sido
utilizada como excusa por ciertos esbirros políticos para disfrazar de
indignación sus groseros y mezquinos intereses partidarios y su obsesión por
desestabilizar el actual gobierno democrático elegido por mayoría de votos.
En su objetivo no han vacilado en desnudar la vileza política de sus
intenciones y su absoluto desdén por la voluntad popular aprobando la
interpelación del Ministro del Interior aduciendo, maliciosamente, que este
permitió y brindo protección policial a los proto-terroristas manifestantes.
Su actuación sin embargo ha dejado al descubierto la congénita vocación totalitaria de esta fuerza política que, atentando contra la democracia y el orden judicial, han tenido la soberbia de acusar e interpelar al Ministro del Interior por cumplir estrictamente con lo que dispone la Constitución.
Su actuación sin embargo ha dejado al descubierto la congénita vocación totalitaria de esta fuerza política que, atentando contra la democracia y el orden judicial, han tenido la soberbia de acusar e interpelar al Ministro del Interior por cumplir estrictamente con lo que dispone la Constitución.