El Perú, como todo país, tiene muchos y muy complejos problemas que por supuesto requieren solución. Algunos de estos inclusive pueden catalogarse como problemas que requieren de soluciones urgentes.
Lamentablemente, la política moderna, que en buena medida esta signada por la desinformación, la propaganda y sobretodo el inmediatismo que le imprimen los medios de comunicación, se encuentra atrapada en una suerte de limbo donde lo urgente no deja tiempo para lo importante.
Las propuestas políticas de todos los candidatos a la Presidencia en las elecciones actuales son un fiel reflejo de esta situación. La mayoría de candidatos presidenciales y ciertamente los partidos políticos que los apoyan, han presentado planes de gobierno que en buena cuenta son simplemente una lista de buenos deseos y medidas de índole política, social y económica que tienen como objetivo resolver problemas específicos.
Mas aun, el discurso de los candidatos se caracteriza por la promesa de acciones muy concretas que mas parecen soborno que políticas de Estado.
No falta en estas elecciones, el candidato de la contradicción. Un candidato confuso y confundido que no tiene pensamiento propio, o por lo menos que no lo sabe expresar, y que ha ensamblado una plataforma política a partir de retazos ideológicos de sistemas políticos no solo obsoletos sino que tienen como denominador común el servilismo popular y el recorte de la libertad individual.
Lo curioso es que, aunque parezca mentira, todos los candidatos presidenciales y los partidos políticos que están participando en esta elección, incluyendo al Sr. Humala, plantean exactamente lo mismo. Esto es, que la solución a los problemas del Perú son ellos.
Todos tienen una opinión pobre del pueblo Peruano y consideran que para que el Perú tenga futuro alguien debe detentar el poder y decidir que es lo que mas le conviene al país. Por supuesto, cada uno de ellos se considera la persona mas adecuada para ejercer ese poder.
Todos tienen una visión paternalista del Perú y todos, sin excepción, tienen una concepción patronal de la democracia en lugar de una vocación servicial hacia la misma y hacia los que esta representa. Todos quieren un país que puedan controlar y por tanto les parece absolutamente adecuado prometer a los electores que si llegan al poder ellos atenderán todas sus necesidades.
Directa o indirectamente todos promueven el conformismo social y fomentan la continuidad de una personalidad popular pedilona y pusilánime.